Entonces, de repente, a principios de 1920, se realizaron ciertas arrestos y se obtuvieron confesiones que revelaron una de las conspiraciones criminales más asombrosas en la historia de los Estados Unidos.
Se probó la existencia de una vasta conspiración judía para saquear Wall Street. Se descubrió que una banda de astutos criminales judíos, muchos de ellos hombres adinerados, algunos de ellos ex convictos, había creado una organización mediante la cual las casas financieras de Wall Street iban a ser despojadas.
Bandas de jóvenes judíos, en su mayoría de origen ruso y residentes en el East Side, habían cobrado forma.
Estos muchachos, aleccionados por listos directores judíos, solicitaron empleo en agencias de mensajería de Wall Street para trabajar en casas de bolsa. Formaba parte del plan que adoptaran nombres anglosajones buenos y de sonido honesto. El «nombre de cobertura», ¡cuántas veces nos lo encontramos!
Estos muchachos entregaban sus acciones y bonos robados a los jefes de sus organizaciones, quienes a su vez pasaban los títulos a los principales judíos, que en su mayoría eran miembros de la banda criminal de «timadores» del distrito de White Light —los «hombres del bank-roll», cuya impunidad ante el castigo siempre ha sido uno de los enigmas permanentes para los gentiles residentes en Nueva York.
Estos criminales judíos contaron con la ayuda de abogados judíos en sus transacciones. Las acciones y bonos robados fueron llevados a Cleveland, Boston, Washington, Filadelfia y partes de Canadá, donde se dieron en garantía de préstamos en el transcurso de operaciones aparentemente legítimas.
Uno de los mensajeros se negó a entregar sus valores robados por la escasa suma que le ofrecieron por ellos, y huyó para disfrutar a