como otra gente, pero, como ve Disraeli, están dispuestos a sufrir porque ven en cada colapso de la sociedad gentil una nueva oportunidad para que el poder judío cave más cerca del centro neurálgico del poder.
Justo cómo el judío trabaja para destruir el orden establecido de las cosas, por medio de ideas, como afirman los Protocolos, se muestra en esta misma conversación de Sidonia:
“Los tories pierden unas elecciones importantes en un momento crítico; ahí están los judíos para votar en contra de ellos. La Iglesia se alarma ante el proyecto de una universidad latitudinaria, y se entera con alivio de que no hay fondos disponibles para su fundación; un的·judío inmediatamente se presenta y la dota.”
Si estas palabras hubieran sido escritas por un no judío, el grito de antisemitismo resonaría por todo el país. Son verdaderas, ni más ni menos verdaderas, por haber sido escritas por un judío. Y Sidonia añade:
“Y en cada generación deben volverse más poderosos y más peligrosos para la sociedad que les es hostil”. (Estas citas de la página 249).
Pues bien, varias generaciones han pasado desde que estas palabras fueron escritas. El judío todavía considera toda forma de sociedad no judía como hostil hacia él. Se or¬ ganiza fuertemente en contra de la sociedad. Y, si se ha de tomar a Disraeli como profeta, sus palabras siguen vigentes: “deben volverse más poderosos y más peligrosos”. Se han vuelto más poderosos. Quien quiera medir el peligro, que mire a su alrededor.
Que el encantador Sidonia proceda con sus revela¬ciones:
—Te acabo de decir que mañana voy a subir a la capital, porque siempre he hecho de norma interponerte cuando hay asuntos