which they succeeded m having substantially executed. However right or wrong these delegates may have been, it would be a dangerous mistake to ignore their views, seeing that they have since become one of the permanent elements of the situation. The formu¬ la into ,which this policy was thrown by the members of the Conference, whose countries it affected, and who regarded it as fatal to the peace of Eastern Europe, was this: ‘Henceforth the world will be governed by the Anglo-Saxon peoples, who, in turn, are swayed by their Jewish elements.’ ” (p. 497. The italics are ours.)
Hay otros asuntos referentes al Sr. Baruch que deben aguardar al desarrollo de este estudio, pero vale la pena por ahora adueñarnos de la información disponible sobre su peculiar manejo de la situación del cobre durante la guerra.
Al señor Baruch se le conoce como un hombre del cobre. El cobre es judío. Ese metal, en todo el mundo, está bajo dominación judía. Los Guggenheim y los Lewisohn, dos familias judías, son los reyes del cobre del planeta; no es que se limiten al cobre; por ejemplo, su producción de plata en todo el mundo supera en una cuarta parte a la que se produce en todo Estados Unidos.
Según su propio testimonio, el Sr. Baruch estaba interesado en empresas de cobre. Cuales fueran sus participaciones durante la guerra no lo reveló. Pero cuáles fueron sus acciones ha quedado muy claramente expuesto, paso a paso, en diversas investigaciones.
Antes de que Estados Unidos entrara en la guerra, el señor Baruch reunió a los reyes del cobre.
“Fui a Nueva York y vi allí al Sr. John D. Ryan y al