sobre ellos. Pero Disraeli pudo hacerlo, y a veces uno se pregunta si Disraeli no estaba, después de todo, escribiendo algo más que una novela romántica, escribiendo en realidad una advertencia para todos los que sepan leer.
La cita acabada de dar no es la descripción de Sidonia únicamente; es también la descripción —salvo por su alta cultura— de ciertos judíos estadounidenses que, si bien se mueven en los círculos elevados, comercian con los «aventureros» y con «los agentes secretos y espías políticos», y con los «judíos secretos», y con aquellas «agencias subterráneas de las que el mundo en general sabe tan poco».
Esta es la fuerza del judaísmo, este comercio entre los altos y los bajos, pues el judío no conoce nada despreciable dentro del círculo de lo judío.
Ningún judío llega a ser un paria, haga lo que hiciere; un lugar y una obra le aguardan, sea cual fuere su carácter.
Hay personas de alto rango en Nueva York que preferirían que no se supiera cuánto contribuyeron al «aventurero» que partió de Nueva York para derrocar a Rusia; hay otros judíos que preferirían que no se imprimiera cuánto saben sobre «agentes secretos y espías políticos».
Disraeli hizo algo más que dibujar a Sidonia; retrató al Judío Internacional tal como se le encuentra también en América.
Hasta ahora Sidonia ha sido descrito desde el exterior. Pero ahora empieza a hablar por sí mismo, y lo hace en defensa y alabanza de los judíos. Está discutiendo la discriminación que se ejerce contra su pueblo en Inglaterra.— DISRAELI-BRITISH PREMIER, PORTRAYS JEWS 193 Es la vieja historia. En todas partes, incluso en los Estados Unidos, la misma historia. ¡Llorando piedad mientras