querían en cuanto hicieron su petición.
¿Qué han obtenido los maestros no judíos, los clubes de mujeres, los redactores de periódicos, los agentes de policía y los jueces, los ministros religiosos, los médicos y los simples padres de la generación creciente; qué han obtenido por todas sus quejas y protestas?
¡Nada! Y pueden seguir dando palos al ciego durante toda la vida sin lograr la menor mejoría, a menos que afronten el desagradable hecho racial de que las películas son judías. No es una cuestión de moral —esa cuestión ya está zanjada—; es una cuestión de dirección.
Cuando la gente sepa quién y qué es esa influencia intangible a la que llamamos «cine», el problema quizá no parezca tan desconcertante.
\ Issue of February 12, 1921.