que los especuladores judíos en el distrito financiero de Nueva York superan ampliamente en número a los especuladores no judíos. La especulación y el juego son conocidos históricamente como propensiones especiales de la raza judía. Si bien muchos judíos frecuentan empresas no judíos, la gran masa de ellos sigue el camino especulativo de los líderes de su raza. En Europa, donde su control financiero está más firmemente establecido y es de más larga data que aquí, rara vez los judíos se ven atrapados en un fracaso especulativo. A veces se les encuentra en escándalos especulativos, pero rara vez en algún escándalo que implique pérdidas para ellos mismos. Por regla general, incursionan en valores «judíos», y en Wall Street se oyen muchas historias sobre las victorias o derrotas del «séquito judío».
Algunas de las mayores sensaciones judías que jamás hayan ocurrido en los Estados Unidos, sensaciones que pusieron al descubierto con su luz siniestra el entrelazamiento de las finanzas, la política y los objetivos raciales judíos, han salido a la luz a raíz de sucesos en Wall Street.
Probablemente sea la naturaleza de estas revelaciones la que explica la fuerte y silenciosa resistencia antijudía que caracteriza a las finanzas estadounidenses honestas.
Entre tanto, para abandonar la esfera exaltada de Wall Street, la banca y las actividades de corretaje, descendamos al nivel de la calle, al Curb Market en Broad Street. Aquí los corredores judíos prosperan en sus oficinas de petróleo, minería y promoción de acciones. Son tan numerosos que confieren un aire semítico a los alrededores, como si se tratara de un barrio de una ciudad extranjera. Es verdad que estas empresas operan con frecuencia bajo nombres no judíos, pero