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nydus/The International Jew, Volume II: Jewish Activities in the United StatesPublic
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Prefacio

los concurrentes consistía en 500 judíos no cristianos”.

Ahora bien, hay poca sabiduría en discurrir en contra del mal en las películas y cerrar deliberadamente los ojos ante las fuerzas que hay detrás de ese mal.

El método de reforma debe cambiar. En años anteriores, cuando Estados Unidos presentaba una tez mental y de conciencia de carácter más bienario, solo era necesario exponer el mal para curarlo.

Los males de los que padecíamos eran desvíos, eran los frutos de la inercia moral o del extravío; la severa palabra de advertencia endurecía la fibra moral de los culpables y despejaba la situación adversa. Es decir, los malhechores de nuestro mismo tipo racial general podían ser avergonzados hasta alcanzar la decencia, o al menos la respetabilidad.

Ese método ya no es posible. La conciencia básica ya no está presente para ser tocada. A los hombres que hoy se ocupan principalmente de la producción de inmundicia escénica y dramática no se les puede llegar de ese modo.

No creen, en primer lugar, que sea inmundicia. No pueden comprender, en segundo lugar, que en realidad están alcahueteando e incrementando la depravación humana.

Cuando la fuerza de la protesta llega a sus mentalidades, les parece muy graciosa; no pueden comprenderla; la explican como producto de la morbosidad, los celos o —como oímos ahora— el antisemitismo.

¡Lector, ten cuidado! Si tan solo te a^ oponas a la inmundicia de la masa de películas, caerás bajo el juicio del antisemitismo. Las películas son de producción judía. Si combates la inmundicia, la lucha te lleva directamente al campamento judío porque la mayoría de los productores están allí. Y entonces estás «atacando a los judíos».

Si los judíos

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