de Estado sobre el tapete. Por lo demás, jamás me meto en nada. Oigo hablar de paz y de guerra en los periódicos, pero nunca me alarmo, salvo cuando se me informa de que los Soberanos necesitan tesoro; entonces sé que los monarcas hablan en serio.
Se recordará que Sidonia no ocupaba ningún puesto gubernamental. Aún no había llegado el momento para ello. El poder se ejercía tras bambalinas mucho antes de que se satisficiera el ansia por los focos. Pero, ya haya judíos en el gobierno o no, el poder que ejercen tras bambalinas es siempre mayor que el que muestran abiertamente. Puede verse, por lo tanto, que cuantos más numerosos son en el gobierno, mayor es su poder secreto. Sidonia continúa:
“Hace unos años se dirigió a nosotros Rusia. Ahora bien, no ha habido amistad entre la Corte de San Petersburgo y mi familia. Tiene conexiones holandesas que por lo general la han abastecido; y nuestras gestiones en favor del hebreo polaco, una raza numerosa, pero la más sufrida y degradada de todas las tribus, no han sido muy gratas para el zar. Sin embargo, las circunstancias propiciaron un acercamiento entre los Románov y los Sidonia. Resolví
DISRAELI—PRIMER MINISTRO BRITÁNICO, RETRATA A LOS JUDÍOS 195
ir yo mismo a San Petersburgo. Tuve, a mi llegada, una entrevista con el ministro de Hacienda ruso, el conde Cancrin; contemplé al hijo de un judío lituano.
«El empréstito estaba relacionado con los asuntos de España; resolví marchar a España desde Rusia. Viajé sin interrupción. Tuve una audiencia inmediatamente después de mi llegada con el ministro español, el señor Mendizábal; contemplé a alguien como yo, el hijo de un nuevo cristiano,