representada mucha
Ahora bien, lo que todo periodista sabe es esto: la mayoría de los líderes judíos siempre están interesados en que se publique una historia o en que se suprima. No hay ninguna clase de gente que lea la prensa pública con tanta atención, con la mira puesta en sus propios asuntos, como los judíos; y muchos editores pueden dar fe de ello.
El Herald adoptó simplemente la política, desde el comienzo de esta forma de hostigamiento, de que no se le permitiría apartar al Herald de su deber como informador público. Y que esto tuvo una ventaja refleja para los otros periódicos se desprende de la siguiente declaración:
Si estallaba un escándalo en círculos judíos, judíos influyentes acudían en masa a las redacciones para lograr que se silenciara la noticia. Pero los redactores sabían que no muy lejos se encontraba el Herald, el cual no lo silenciaría por nada ni por nadie. ¿De qué servía que un periódico lo ocultara si otro no iba a hacerlo? Así pues, los redactores decían: «Nos encantaría suprimir esta noticia, pero el Herald la va a publicar, así que tendremos que hacer lo mismo en defensa propia. Sin embargo, si logran que el Herald la suprima, nosotros también lo haremos con mucho gusto».
Pero el Herald nunca sucumbió. Ni las presiones de la influencia, ni las promesas de negocios, ni las amenazas de pérdidas surtieron efecto: publicaba las noticias.
Hubo un cierto banquero judío que exigía periódicamente que Bennett despidiera al redactor financiero del Herald. Este banquero se dedicaba a colocar bonos mexicanos en un momento en que dichos bonos eran de lo más inseguros. En cierta ocasión, cuando se disponía