siempre. Sin embargo, otra importante prueba se ha estado desarrollando ante los ojos del país. Cuando el proyecto de ley de inmigración se presentó por primera vez ante el Congreso, la votación fue abrumadoramente favorable a la restricción de la entrada al país. El Congreso votó basándose en los hechos y en sus convicciones patrióticas. Tomando la cuestión tal como era, no se podría haber emitido ningún otro veredicto.
Apenas se hubo tomado la votación, sin embargo, los hilos telegráficos echaban humo, los trenes iban abarrotados y las protestas judías y los agentes judíos empezaron a acudir en masa a Washington.
Se pronunció el nombre mágico de judío. Los legisladores buscaron refugio. Se pronunciaron discursos eruditos. Se sugirieron compromisos. Se redactaron modificaciones de la ley original. Bajo la magia de judío, toda la propuesta simplemente se derritió como un carámbano ante el fuego.
La única protesta que se hizo contra esa votación del Congreso fue hecha por judíos. Su maravilloso trabajo en equipo en todas partes del país dio a su protesta el aire de importancia nacional.
PERO hubo un punto que los judíos no pudieron negar este año, y es que la mayoría de los inmigrantes son judíos. Ese hecho, afortunadamente, quedó establecido de antemano.
La mano del Congreso de los Estados Unidos fue detenida por los judíos en un asunto de grave importancia para la protección nacional, tal como hace unos pocos años la mano del Congreso de los Estados Unidos fue forzada a romper el tratado con Rusia cuando el presidente Taft sostuvo que estaría mal romperlo.
Esta demostración de poder político, basada en nada más que la fuerza pura y la pura determinación de conseguir