confidencial de los editores mejor informados de los Estados Unidos incluiría todo lo que el gobierno o el pueblo necesitarían saber para un manejo completo de la Cuestión Judía. La publicidad exigida y obtenida por los judíos organizados ha resultado ser un roorback; ha servido a la causa de la verdad más que a la causa que ellos deseaban, que era la supresión.
Por muy gratificantes que sean estas pruebas para los productores de los hechos, hay un^ elemento muy decidido de decepción en las respuestas judías. O el judaísmo está amagando, o está indefenso; ciertamente el estado actual de la defensa debe de ser humillante para quienes tienen alguna idea de la importancia del asunto.
La respuesta firmada por los propios judíos —una lista de firmas que mostraba como en un panorama la estrechamente unida solidaridad corporativa de la raza judía en este país— carecía de un solo hecho que arrojara luz. En esto, la respuesta judía fue casi una confesión de «ninguna defensa».
Pero aparte de su ineptitud estaba su absoluta falta de franqueza.
Se niega a afrontar la cuestión. No responderá a una sola afirmación, ni en el fondo de los Protocolos ni en el fondo de esta serie. Se desvía siempre que se acerca a un tema concreto y se pierde en un vapor de negaciones.
Si una afirmación es errónea, puede demostrarse que lo es, especialmente una afirmación que trata sobre asuntos actuales de la vida diaria.
La respuesta judía oficial, firmada por unos pocos —no todos— de los líderes judíos, es al menos decente en su lenguaje, y eso es más de lo que puede decirse de la mayoría de las otras