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nydus/The Jungle BookPublic
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The White Seal

pero siempre vigilaba por si venían olas grandes que pudieran hacerle daño. Pasó dos semanas aprendiendo a usar sus aletas; y durante todo ese tiempo chapoteó dentro y fuera del agua, tosía, gruñía, se arrastraba hasta la playa, echaba cabezadas en la arena y volvía a entrar, hasta que por fin descubrió que pertenecía de verdad al agua.

Entonces podréis imaginar los ratos que pasaba con sus compañeros, buceando bajo las rompientes; o llegando encima de una ola grande y aterrizando con un chapoteo y un escupitajo mientras la gran ola iba a estamparse muy arriba en la playa; o poniéndose de pie sobre la cola y rascándose la cabeza como hacían los viejos; o jugando a «El rey del castillo» sobre rocas resbaladizas y llenas de algas que sobresalían apenas de la resaca.

De vez en cuando veía una aleta delgada, como la gran aleta de un tiburón, que flotaba cerca de la costa, y sabía que era la orca, el marsopa asesina, que se come a los cachorros de foca cuando puede conseguirlos; y Kotick se dirigía hacia la playa como una flecha, y la aleta se alejaba despacio con pasitos de baile, como si no estuviera buscando absolutamente nada.

A finales de octubre, las focas empezaron a abandonar San Pablo rumbo a alta mar, por familias y tribus, y ya no hubo más peleas por los criaderos, y los holluschickie jugaban donde les placía. —El año que viene —le dijo Matkah a Kotick—, serás un holluschickie; pero este año debes aprender a pescar.

Partieron juntos a través del Pacífico, y Matkah le enseñó a Kotick a dormir de espaldas con las aletas pegadas a los costados y la pequeña nariz justo fuera del agua. > Ninguna cuna es tan cómoda como el largo y mecedor oleaje del

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