corre fuerte esta noche», y dándose la vuelta bajo el agua, abrió los ojos lentamente y se estiró. Entonces dio un salto como un gato, pues vio enormes criaturas hozando en las aguas poco profundas y ramoneando en los densos flecos de las algas.
“¡Por los Grandes Oleajes de Magallanes!”, dijo por bajo del bigote. “¿Quién en el Mar Profundo es esta gente?”
Eran como ninguna morsa, león marino, foca, oso, ballena, tiburón, pez, calamar o vieira que Kotick hubiera visto antes. Medían entre veinte y treinta pies de largo, y no tenían aletas traseras, sino una cola en forma de pala que parecía haber sido tallada en cuero mojado. Sus cabezas eran las cosas más estúpidas que jamás hayas visto, y se equilibraban sobre las puntas de sus colas en aguas profundas cuando no estaban pastando, haciéndose reverencias solemnes el uno al otro y agitando sus aletas