Pero todo era por el Pequeño Toomai, ¡que había visto lo que ningún hombre había visto jamás: la danza de los elefantes por la noche y a solas en el corazón de las colinas de Garo!
Shiv, que vertió la cosecha e hizo soplar los vientos, Sentado en los umbrales de un día de antaño, Dio a cada cual su porción, alimento, faena y destino, Desde el Rey sobre el guddee hasta el Mendigo en la puerta. ¡Todo lo hizo él: Shiva el Preservador, Mahadeo! ¡Mahadeo! él lo hizo todo: ¡Espina para el camello, forraje para las reses, Y corazón de madre para la cabeza somnolienta, oh, hijito mío! Trigo dio a los ricos, mijo a los pobres, Migajas rotas para los hombres santos que piden de puerta en puerta; Ganado para el tigre, carroña para el milano, Y harapos y huesos para los lobos crueles fuera del muro de noche. Nada halló demasiado alto, a nadie vio demasiado bajo: Parbati a su lado los vio ir y venir; Pensó en engañar a su esposo, tomando a Shiv a broma: Robó el pequeño saltamontes y lo ocultó en su pecho. Así lo engañó, Shiva el Preservador. ¡Mahadeo! ¡Mahadeo! vuélvete y mira. Altos son los camellos, pesadas son las reses, Pero esta era la menor de las cosas pequeñas, oh, hijito mío! Cuando la limosna terminó, dijo riendo: «Maestro, ¿de un millón de bocas no hay una sola sin alimentar?». Riendo, Shiv respondió: «Todos han tenido su parte, Incluso él, el pequeñuelo, oculto bajo tu pecho». De su pecho lo arrancó, Parbati la ladrona, ¡Vio a la Menor de las Cosas