—Sí. —Petersen Sahib volvió a sonreír—. Cuando hayas visto bailar a los elefantes. Ese es el momento adecuado. Ven a verme cuando hayas visto bailar a los elefantes, y entonces te dejaré entrar en todos los Keddahs.
Hubo otra carcajada, pues esa es una broma muy vieja entre los cazadores de elefantes, y significa simplemente nunca.
Hay grandes explanadas despejadas y ocultas en los bosques que se conocen como salones de baile de los elefantes, pero incluso estas solo se descubren por accidente, y ningún hombre ha visto jamás bailar a los elefantes.
Cuando un cornaca presume de su habilidad y valentía, los demás le dicen: «¿Y cuándo viste tú bailar a los elefantes?».
Kala Nag bajó al pequeño Toomai, y este volvió inclinarse ante la tierra y se fue con su padre, y le dio la pieza de cuatro annas de plata a su madre, que estaba amamantando a su hermanito, y todos subieron a la espalda