Los monos llamaban a aquel lugar su ciudad, y fingían despreciar a la Gente de la Selva porque vivían en el bosque. Y, sin embargo, nunca supieron para qué se habían hecho los edificios ni cómo utilizarlos. Se sentaban en círculo en la sala del consejo del rey, se rascaban las pulgas y fingían ser hombres; o entraban y salían corriendo de los techos caídos y juntaban trozos de yeso y ladrillos viejos en un rincón, y se olvidaban de dónde los habían escondido, y se peleaban y lloraban en tumultos a manotazos, y luego rompían a jugar por las terrazas del jardín del rey, donde sacudían los rosales y los naranjos por diversión para ver caer los frutos y las flores. Exploraban todos los pasadizos y túneles oscuros del palacio y los cientos de pequeños cuartos oscuros; pero nunca recordaban lo que habían visto y lo que no, y así vagaban de uno en uno, en parejas o en muchedumbres, diciéndose unos a otros que
Table of Contents
La caza de Kaa
54