A veces Bagheera, la Pantera Negra, venía perezosamente por la selva para ver cómo iba su protegido, y ronroneaba con la cabeza apoyada contra un árbol mientras Mowgli le recitaba la lección del día a Baloo.
El muchacho sabía trepar casi tan bien como nadar, y nadar casi tan bien como correr; así que Baloo, el Maestro de la Ley, le enseñó las leyes de la Selva y del Agua:
- cómo distinguir una rama podrida de una sana;
- cómo hablarle educadamente a las abejas silvestres cuando topaba con un panal de ellas a cincuenta pies del suelo;
- qué decirle a Mang, el Murciélago, cuando lo molestaba en las ramas al mediodía;
- y cómo advertir a las serpientes de agua en las pozas antes de chapotear entre ellas.
A ninguno de los Habitantes de la Selva le gusta que lo molesten, y todos están más que dispuestos a lanzarse sobre un intruso.
Además, a Mowgli se le enseñó la Llamada de Caza de los Extraños, que debe repetirse en voz alta hasta que se responda, siempre que uno de la Gente de la Selva caze fuera de sus propios dominios. Traducida, significa: «Dame permiso para cazar aquí porque tengo hambre»; y la respuesta es: «Caza, pues, para alimentarte, pero no por placer».
Todo esto te mostrará cuánto tenía que aprender Mowgli de memoria, y se cansaba mucho de repetir la misma cosa cien veces; pero, como le dijo Baloo a Bagheera un día en que Mowgli había recibido un manotazo y se había marchado hecho una furia:
“Un cachorro de hombre es un cachorro de hombre, y tiene que aprender toda la Ley de la Selva”.
“Pero piensa cuán pequeño es”, dijo la Pantera Negra, que habría malcriado a Mowgli si se hubiera salido con la suya. “¿Cómo puede su