Es la Ley.
“Sabiendo que no tengo derecho a hablar aquí, os pido venia”.
—¡Habla, pues! —gritaron veinte voces.
—Matar a un cachorro desnudo es una vergüenza. Además, puede ser una mejor presa para vosotros cuando haya crecido. Baloo ha hablado en su favor.
Ahora a la palabra de Baloo añadiré un toro, y bien gordo, recién matado, a menos de media milla de aquí, si aceptáis al cachorro del hombre según la Ley. ¿Es difícil?
Hubo un clamor de decenas de voces que decían:
«¿Qué importa? Morirá en las lluvias del invierno. Se abrasará en el sol. ¿Qué daño puede hacernos una rana desnuda? Dejadle correr con la Manada. ¿Dónde está el toro, Bagheera? Que sea aceptado».
Y entonces resonó el profundo aullido de Akela, que clamaba:
«¡Mirad bien—mirad bien, oh Lobos!»
Mowgli todavía estaba jugando con las guijas, y no se dio cuenta cuando los lobos se acercaron y lo miraron uno por uno.
Al fin todos bajaron la colina hacia el toro muerto, y solo quedaron Akela, Bagheera, Baloo y los propios lobos de Mowgli.
Shere Khan seguía rugiendo en la noche, pues estaba muy enojado de que no le hubieran entregado a Mowgli.