Sus manchas son la dicha del Leopardo: sus cuernos son el orgullo del Búfalo— Mantente limpio, pues la fuerza del cazador se conoce por el brillo de su piel. Si hallas que el Toro puede lanzarte, o el Sambhur de ceño pesado puede acornearte; No necesitas dejar el trabajo para avisarnos: lo sabíamos diez estaciones antes. No oprimaís a los cachorros del extraño, sino saludadlos como Hermana y Hermano, Pues aunque sean pequeños y rechonchos, puede ser que el Oso sea su madre. “¡No hay nadie como yo!” dice el Cachorro en el orgullo de su primera presa; Pero la Selva es grande y el Cachorro es pequeño. Que piense y guarde silencio.
Todo lo que aquí se cuenta sucedió algún tiempo antes de que Mowgli fuera expulsado de la manada de lobos de Seeonee. Fue en los días en que Baloo le enseñaba la Ley de la Selva.
El oso pardo, grande, serio y viejo, estaba encantado de tener un alumno tan avispado, pues los jóvenes lobos solo aprenden la parte de la Ley de la Selva que concierne a su propia manada y tribu, y escapan tan pronto como pueden repetir el Verso de la Caza:
«Pies que no hacen ruido; ojos que pueden ver en la oscuridad; oídos que pueden oír los vientos en sus guaridas, y afilados dientes blancos: todas estas cosas son las marcas de nuestros hermanos, excepto Tabaqui y la Hiena, a quienes odiamos».
Pero Mowgli, en tanto que cachorro humano, tenía que aprender mucho más que esto.