Así que trotó hacia el camino de grava cerca de la casa y se sentó a pensar. Era un asunto grave para él.
Si uno lee los viejos libros de historia natural, descubrirá que dicen que cuando la mangosta pelea con la serpiente y por casualidad resulta mordida, sale corriendo y se come cierta hierba que la cura. Eso no es verdad. La victoria es tan solo una cuestión de agudeza visual y agilidad de patas —el golpe de la serpiente contra el salto de la mangosta— y como ningún ojo puede seguir el movimiento de la cabeza de una serpiente cuando ataca, eso hace que las cosas sean mucho más maravillosas que cualquier hierba mágica. Rikki-tikki sabía que era una mangosta joven, y eso lo hizo sentirse aún más complacido al pensar que se había apañado para esquivar un golpe por la espalda. Le dio confianza en sí mismo, y cuando Teddy bajó corriendo por el sendero, Rikki-tikki estaba listo para que lo acariciaran.
Pero justo cuando Teddy se agachaba, algo se encogió un poco en el polvo, y una vocecita dijo:
«¡Ten cuidado. Yo soy la muerte!».
Era Karait, la serpiente pequeña y de color pardo polvoriento que prefiere tumbarse en la tierra polvorienta; y su mordedura es tan peligrosa como la de la cobra. Pero es tan pequeña que nadie piensa en ella, y por eso hace más daño a la gente.
Los ojos de Rikki-tikki volvieron a enrojecerse, y se acercó a Karait bailando con el peculiar movimiento de balanceo y oscilación que había heredado de su familia. > Parece muy gracioso, pero es una marcha tan perfectamente equilibrada que te permite lanzarte desde ella en el ángulo que desees; y al tratar con serpientes esto es una