de vergüenza; no era el sopor que presupone un olvido pasajero accesible a los sueños; era la parada.
El alto es una palabra formada por un sentido singular, doble y casi contradictorio:
- una tropa en marcha, es decir, movimiento;
- una detención, es decir, reposo.
El alto es la restauración de las fuerzas; es el reposo armado y alerta; es el hecho consumado que monta centinela y se pone en guardia.
El alto presupone el combate de ayer y el combate de mañana.
Es la partición entre 1830 y 1848.
Lo que aquí llamamos combate también puede designarse como progreso.
La burguesía entonces, lo mismo que los hombres de Estado, requería un hombre que expresara esta palabra: ¡Alto!
Un Aunque-Porque.
Una individualidad compuesta, que significara revolución y significara estabilidad, en otros términos, que fortaleciera el presente mediante la evidente compatibilidad del pasado con el futuro.
Este hombre ya había sido «encontrado». Se llamaba Luis Felipe de Orleans.
El 221 convirtió a Luis Felipe en Rey. Lafayette se encargó de la coronación.
Él la llamó “la mejor de las repúblicas”. El ayuntamiento de París ocupó el lugar de la catedral de Reims.