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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La Caribdis del arrabal San Antonio y la Escila

es donde hay que empezar. La escuela primaria impuesta a todos, la escuela secundaria ofrecida a todos, he ahí la ley. De una escuela idéntica brotará una sociedad idéntica. ¡Sí, la instrucción! ¡La luz! ¡La luz! Todo viene de la luz y a ella todo regresa. Ciudadanos, el siglo diecinueve es grande, pero el siglo veinte será feliz. Entonces, ya no habrá nada semejante a la historia de antaño; ya no tendremos, como hoy, que temer una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones con las armas en la mano, una interrupción de la civilización dependiente de un matrimonio de reyes, de un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos por un congreso, un desmembramiento a causa del fracaso de una dinastía, un combate de dos religiones que se encuentran cara a cara, como dos carneros en la oscuridad, sobre el puente del infinito; ya no tendremos que temer el hambre, el arrendamiento, la prostitución nacida de la indigencia, la miseria por la falta de trabajo, ni el cadalso, ni la espada, ni las batallas, ni el matonaje del azar en el bosque de los acontecimientos. Casi podría decirse: no habrá más acontecimientos. Seremos felices. El género humano cumplirá su ley tal como el globo terráqueo cumple su ley; la armonía se restablecerá entre el alma y el astro; el alma gravitará alrededor de la verdad como el planeta alrededor de la luz. Amigos, la hora presente en la que os hablo es una hora sombría; mas estos son pagos terribles del porvenir. Una revolución es un peaje. ¡Oh, el género humano será liberado, levantado, consolado! Lo afirmamos sobre esta barricada. ¿De dónde habría de proceder ese grito de amor si no de las alturas del sacrificio? ¡Oh, hermanos míos, este es el punto de unión de los que piensan y de los que sufren; esta barricada no está hecha de adoquines, ni de vigas, ni de trozos de hierro; está hecha de dos montones: un montón de ideas y un montón de dolores. Aquí la miseria se encuentra con el ideal. El día abraza a la noche y le dice: «Voy a morir y tú vas a nacer de nuevo conmigo». Del abrazo de todas las desolaciones brota la fe. Los sufrimientos traen aquí su agonía

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