estúpido, la burguesa es astuta, la hija es bonita. Generalmente, para despistar a los oyentes, el argot se limita a añadir a todas las palabras de la lengua sin distinción una cola ignominiosa, una terminación en aille, en orgue, en iergue o en uche. Así: Vousiergue trouvaille bonorgue ce gigotmuche? ¿Encuentras bueno ese gigote? Frase dirigida por Cartouche a un carcelero para averiguar si la suma ofrecida por su evasión le convenía.
La terminación en mar se ha añadido recientemente.
El argot, al ser el dialecto de la corrupción, no tarda en corromperse él mismo. Además, como busca siempre el ocultamiento, tan pronto como siente que se le comprende, cambia de forma. Al contrario de lo que ocurre con cualquier otra vegetación, cada rayo de luz que incide sobre él mata todo lo que toca. Así pues, el argot se halla en un proceso constante de descomposición y recomposición; una labor oscura y rápida que nunca se detiene. Recorre más terreno en diez años que una lengua en diez siglos. Así, le larton (el pan) se convierte en le lartif; le gail (el caballo) en le gaye; la fertanche (la paja) en la fertille; le momignard (el crío), en le momacque; les fiques (los harapos), en frusques; la chique (la iglesia), en l’égrugeoir; le colabre (el cuello), en le colas. El diablo es al principio gahisto, luego le rabouin, después el panadero; el cura es un ratichon, luego el jabalí (le sanglier); el puñal es le vingt-deux (veintidós), luego le surin, luego le lingre; la policía son railles, luego roussins, luego rousses, luego marchands de lacets (vendedores de cordones de corsé), luego coquers, luego cognes; el verdugo es le taule, luego Charlot, l’atigeur, luego le becquillard. En el siglo XVII, reñir era «darse rapé el uno al otro»; en el XIX es «mascarse las gargantas mutuamente». Ha habido veinte frases diferentes entre estos dos extremos. El habla de Cartouche habría sido hebreo para Lacenaire. Todas las palabras de esta lengua están perpetuamente en fuga, como los hombres que las pronuncian.
Aun así, de vez en cuando, y como consecuencia de este mismo movimiento, la antigua jerga vuelve a surgir y se hace nueva otra vez.