Cosette ya no estaba triste. Con todo, aunque así era, no se daba cuenta de ello. Por la mañana, hacia las diez, después del desayuno, cuando lograba arrastrar a su padre al jardín durante un cuarto de hora, y paseaba bajo el sol frente a los escalones, sosteniéndole el brazo izquierdo, no se percataba de que reía a cada instante y de que era feliz.
Jean Valjean, embriagado, la contempló volver a florecer fresca y rosada una vez más.
“¡Oh! ¡Qué buena herida!”, repitió en un susurro.
Y se sentía agradecido con los Thénardier.
Una vez curada su herida, reanudó sus solitarios paseos al atardecer.
Es un error suponer que una persona puede pasear sola de esa manera por las regiones deshabitadas de París sin vivir alguna aventura.
II
La madre Plutarque no encuentra ninguna dificultad en explicar un fenómeno
Una noche, el pequeño Gavroche no había tenido nada que comer; recordó que tampococo había cenado el día anterior; aquello empezaba a ser fastidioso. Resolvió hacer un esfuerzo para conseguir alguna cena. Se fue a pasear más allá de La Salpêtrière, por parajes desiertos; allí es donde se encuentran las gangas; donde no hay nadie, siempre se halla algo.