¿Qué iba a hacer?
El tiempo de las retiradas había pasado.
Lo que un instante antes había percibido en movimiento, en la oscuridad distante, era sin duda Javert y su escuadrón. Javert se hallaba probablemente ya al comienzo de la calle a cuyo término se encontraba Jean Valjean. Javert, según todas las apariencias, conocía aquel pequeño laberinto y había tomado sus precauciones enviando a uno de sus hombres a vigilar la salida.
Estas conjeturas, que tanto se parecían a pruebas, giraban de súbito, como un puñado de polvo levantado por una ráfaga de viento inesperada, por el lúgubre cerebro de Jean Valjean.
- Examinó el callejón Genrot; allí estaba cortado el paso.
- Examinó la calle Petit-Picpus; allí había un centinela.
Vio aquella forma negra que se recortaba sobre el pavimento blanco, iluminado por la luna; avanzar era caer en manos de aquel hombre; retirarse era arrojarse en los brazos de Javert.
Jean Valjean se sintió atrapado, como en una red que se iba estrechando lentamente; contempló el cielo con desesperación.