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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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III. La mentalidad semítica

Sin un credo podían ser llevados a los cuatro puntos cardinales del mundo (pero no al cielo) mostrándoles las riquezas de la tierra y los placeres de esta; mas si en el camino, guiados de este modo, se encontraban con el profeta de una idea, que no tenía dónde reclinar la cabeza y que dependía para su alimento de la caridad o de las aves, entonces todos abandonarían su riqueza por su inspiración.

Eran incorregiblemente hijos de la idea, irresponsables y daltónicos, para quienes el cuerpo y el espíritu se oponían de manera perpetua e inevitable. Su mente era extraña y oscura, llena de depresiones y exaltaciones, carente de normas, pero con más ardor y más fértil en la creencia que ninguna otra en el mundo. Eran un pueblo de impulsos, para quienes lo abstracto era el motivo más fuerte, el proceso de infinito valor y variedad, y el fin nada.

Eran inestables como el agua y, como el agua, tal vez acabarían por prevalecer.

Desde los albores de la vida, en sucesivas olas se habían estado estrellando contra las costas de carne.

Cada ola se rompía, pero, al igual que el mar, desgastaba siquiera un poco el granito sobre el que fracasaba, y algún día, edades aún por venir, podría rodar sin freno sobre el lugar donde había estado el mundo material, y Dios se movería sobre la faz de aquellas aguas.

Una de tales olas (y no la menor) levanté e impulsé ante el soplo de una idea, hasta que alcanzó su crestón, y volcó y cayó en Damasco. El resaca de esa ola, rechazada por la resistencia de las cosas establecidas, proveerá la materia de la siguiente ola, cuando a su debido tiempo el mar se levante una vez más.

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