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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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IV. La mente semítica

contraseñas, signos, una prensa y un tesoro central, para arruinar el Imperio turco. Con la ruidosa facilidad del sirio —un pueblo simiesco que posee gran parte de la agilidad de los japoneses, pero superficial—, edificaron rápidamente una organización formidable. Buscaron ayuda en el exterior y esperaban que la libertad llegara por medio de súplicas, no del sacrificio. Mantuvieron correspondencia con Egipto, con el Ahad (cuyos miembros, con una auténtica tozudez mesopotámica, los desdeñaban un tanto), con el Jerife de La Meca y con Gran Bretaña: buscando por todas partes un aliado que sirviera a sus propósitos. Eran también mortalmente secretos; y el Gobierno, aunque sospechaba de su existencia, no pudo hallar pruebas fidedignas de sus líderes ni de su membresía. Tuvo que contenerse hasta poder golpear con pruebas suficientes para satisfacer a los diplomáticos ingleses y franceses que actuaban como la opinión pública moderna en Turquía. La guerra de 1914 retiró a estos agentes y dejó al Gobierno turco en libertad de golpear.

La movilización puso todo el poder en manos de aquellos miembros —Enver, Talat y Yemal— que eran al mismo tiempo los más despiadados, los más lógicos y los más ambiciosos de los Jóvenes Turcos. Se propusieron extirpar todas las corrientes no turcas del Estado, especialmente el nacionalismo árabe y el armenio. Para dar el primer paso, hallaron un arma falaz y conveniente en los documentos secretos de un cónsul francés en Siria, quien dejó en su consulado copias de correspondencia (sobre la libertad árabe) que había mantenido con un club árabe, no vinculado al Fetah, sino compuesto por los intelectuales más habladores y menos formidables de la costa siria. Los turcos, por supuesto, estaban encantados; pues la agresión «colonial» en el norte de África había dado a los franceses una pésima reputación en el mundo musulmán de habla árabe, y a Yemal le vino muy bien demostrar a sus correligionarios que aquellos nacionalistas árabes eran lo suficientemente infieles como para preferir a Francia antes que a Turquía.

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