peligroso Ahad, una hermandad muy secreta, limitada casi en su totalidad a oficiales árabes del ejército turco, quienes juraron adquirir los conocimientos militares de sus amos y volverlos en su contra, al servicio del pueblo árabe, cuando llegara el momento de la rebelión.
Era una gran sociedad, con una base sólida en la región agreste del sur de Irak, donde Sayid Taleb, el joven John Wilkes del movimiento árabe, ostentaba el poder entre sus dedos sin principios.
A ella pertenecían siete de cada diez oficiales nacidos en Mesopotamia; y su secreto estuvo tan bien guardado que sus miembros mantuvieron altos mandos en Turquía hasta el final.
Cuando se produjo el colapso, Allenby cabalgó a través de Armagedón y Turquía cayó, un vicepresidente de la sociedad comandaba los fragmentos rotos de los ejércitos de Palestina en retirada, y otro dirigía las fuerzas turcas al otro lado del Jordán, en la zona de Amán.
Aún más tarde, después del armisticio, hombres dispuestos a volverse contra sus amos a la mínima seña de sus líderes árabes aún ocupaban grandes puestos al servicio de Turquía. A la mayoría de ellos nunca se les dio la orden; pues dichas sociedades eran únicamente proárabes, dispuestas a luchar solo por la independencia de los árabes; y no veían ninguna ventaja en apoyar a los Aliados en lugar de a los turcos, ya que no creían en nuestras garantías de que los dejaríamos libres.
En efecto, muchos de ellos preferían una Arabia unida por Turquía en una situación de miseria y subyugación, a una Arabia dividida e indolente bajo el control más cómodo de varias potencias europeas en zonas de influencia.
Mayor que el Ahad era el Fetah, la sociedad de la libertad en Siria. Los terratenientes, los escritores, los médicos, los grandes funcionarios públicos se unieron en esta sociedad con un juramento común,