Hablamos con él primero sobre la situación de Yidda, para tranquilizarle discutiendo en esta primera de nuestras entrevistas el innecesario asunto de la administración del jerife. Respondió que la guerra seguía estando demasiado presente entre ellos como para pensar en un gobierno civil. Habían heredado el sistema turco en las ciudades y lo continuaban a una escala más modesta. El gobierno turco a menudo no era hostil con los hombres fuertes, quienes obtenían considerable manga ancha a cambio de ciertas condiciones. En consecuencia, algunos de los beneficiados de esa manga ancha en el Hiyaz lamentaban la llegada de un gobernante nativo. En particular, en La Meca y Yidda la opinión pública estaba en contra de un Estado árabe. La masa de los ciudadanos eran extranjeros —egipcios, indios, javaneses, africanos y otros—, totalmente incapaces de
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