septentrionales, meridionales, orientales y occidentales con la superficie, en el mejor de los casos, de Yorkshire, y en el peor, de Rutland; pues si por naturaleza Siria era un país vasallo, por hábito era también un país de agitación incansable y revuelta incesante.
La llave maestra de la opinión residía en la lengua común: donde residía también la llave de la imaginación. Los musulmanes cuya lengua materna era el árabe se consideraban por esa razón un pueblo elegido. Su herencia del Corán y de la literatura clásica mantenía unidos a los pueblos de habla árabe. El patriotismo, ordinariamente de suelo o de raza, se inclinaba hacia un idioma.
Un segundo contrafuerte de una política de motivación árabe era la opaca gloria del califato temprano, cuya memoria perduró entre el pueblo a través de siglos de mal gobierno turco. El accidente de que estas tradiciones supusieran más a las Mil y una noches que a la historia pura mantuvo