Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
Página 676 de 1034
Table of Contents

LXXX

se movían incómodos. Pero era evidente que se trataba de un disparo al aire, con el que él mismo no quería decir, o no quería dar a entender, lo que yo temía. No podía volver a fiarme de mi boca temblorosa, que siempre vacilaba en las emergencias, así que al fin alcacé el mentón, que era la señal de «No» en Oriente; entonces él se sentó y le susurró a medias al cabo que me sacara y me enseñara todo.

Me llevaron a patadas hasta la cabecera de la escalera y me estiraron sobre un banco de guardia, apaleándome. Dos se arrodillaron sobre mis tobillos, haciendo fuerza contra la parte posterior de mis rodillas, mientras otros dos me torcían las muñecas hasta que crujieron, y luego las aplastaron, junto con mi cuello, contra la madera. El cabo había bajado corriendo las escalera; y ahora regresaba con una fusta de tipo circasiano, una correa de flexible cuero negro, redondeada y que se afilaba desde el grosor de un pulgar en la empuñadura (que estaba envuelta en plata) hasta una punta dura más fina que un lápiz.

Él me vio temblar, debido en parte, creo, a la fría temperatura, y lo hizo silbar junto a mi oreja, burlándose de que antes de su décimo latigazo yo rogaría por piedad, y al vigésimo suplicaría las caricias del Bey; y entonces comenzó a azotarme furiosamente de lado a lado con todas sus fuerzas, mientras yo apretaba los dientes para soportar aquello que se enroscaba como un alambre llameante alrededor de mi cuerpo.

Para mantener mi mente bajo control numeraba los golpes, pero después de veinte perdí la cuenta y ya solo pude sentir el peso informe del dolor, no garras desgarradoras, para lo cual me había preparado, sino el agrietamiento gradual de todo mi ser por obra de una fuerza demasiado grande cuyas olas ascendían por mi columna hasta quedar aprisionadas en mi cerebro, para chocar terriblemente entre sí. En algún rincón del lugar un reloj barato hacía un tic-tac sonoro, y me mortificaba que los latidos de aquellos golpes no siguieran su compás.

676