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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CXIV

Antes del amanecer, en el aeródromo australiano, había dos Bristol y un D.H.9. En uno iba Ross Smith, mi viejo piloto, que había sido elegido para pilotar el nuevo Handley-Page, el único aparato de su clase en Egipto, la niña de los ojos de Salmond. Que se lo prestara para sobrevolar la línea enemiga en una misión tan baja como el transporte de equipaje era una muestra de buena voluntad hacia nosotros.

Llegamos a Umtaiye en una hora y vimos que el ejército se había ido; así que hice señas para que volviéramos a Um el Surab; y allí estaban, el grupo defensivo de automóviles, y árabes ocultándose de nuestro ruido sospechoso aquí, allá y acullá; los graciosos camellos dispersos individualmente por la llanura, hartándose del maravilloso pasto.

Young, al ver nuestras marcas, colocó una señal de aterrizaje y bombas de humo en el césped que su esmero y el de Nuri Said habían despejado de piedras.

Ross Smith recorrió con paso ansioso los cuatro costados del terreno preparado y examinó sus imperfecciones, pero volvió a reunirse con nosotros, donde los conductores estaban desayunando, con el rostro despejado. El suelo era adecuado para el Handley-Page.

Young nos habló de los repetidos bombardeos de ayer y anteayer, que habían matado a algunos soldados regulares y a varios artilleros de Pisani, y habían agotado las fuerzas de todo el mundo, de modo que se habían trasladado por la noche a Um el Surab. Los estúpidos turcos seguían bombardeando Umtaiye, a pesar de que los hombres solo acudían allí a mediodía y por la noche, en los momentos neutrales, para buscar agua.

También oí hablar de la última voladura del ferrocarril por parte de Winterton: una noche divertida en la que se había encontrado con un

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