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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XX

De repente Feisal me preguntó si llevaría ropa árabe como la suya mientras estuviera en el campamento. Me iría mejor por mi parte, ya que era un atuendo cómodo para vivir a la usanza árabe como debíamos hacerlo.

Además, los hombres de las tribus sabrían entonces cómo tratarme. Los únicos portadores de caqui en su experiencia habían sido los oficiales turcos, ante quienes adoptaban una actitud defensiva instintiva. Si vestía ropas de La Meca, se portarían conmigo como si fuera realmente uno de los líderes; y podría entrar y salir de la tienda de Feisal sin causar revuelo, algo que él tenía que explicar cada vez a los extraños.

Acepté al punto, muy gustosamente; pues el uniforme militar era abominable para montar en camello o para sentarse por el suelo; y las prendas árabes, que había aprendido a manejar antes de la guerra, eran más limpias y decentes en el desierto.

Hejris también se alegró y dio rienda suelta a su imaginación para ataviarme con unos espléndidos vestidos nupciales de seda blanca y bordados en oro que le habían mandado hacía poco a Feisal (¿sería una indirecta?) su tía abuela desde La Meca.

Di un paseo con la nueva holgura de aquellos ropajes por los palmerales de Mubarak y Bruka, para acostumbrarme a su tacto.

Estos pueblos eran pequeños lugares agradables, construidos con adobes de barro sobre los altos montículos de tierra que rodeaban los huertos de palmeras. * Nakhl Mubarak se encontraba al norte, y Bruka, justo al sur, al otro lado de un valle

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