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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XLVI

darnos sombra. El tímido anfitrión murmuraba algo y volvía a desaparecer de la vista. Las alfombras tribales, cosas de un rojo chillón procedentes de Beirut, estaban listas para nosotros, dispuestas a lo largo de la cortina divisoria, del muro trasero y del extremo abatido, de modo que nos sentábamos en tres de los lados de un espacio polvoriento y abierto. Éramos quizás cincuenta hombres en total.

The host would reappear, standing by the pole; our local fellow-guests, el Dheilan, Zaal and other sheikhs, reluctantly let themselves be placed on the rugs between us, sharing our elbow-room on the packsaddles, padded with folded felt rugs, over which we leaned.

The front of the tent was cleared, and the dogs were frequently chased away by excited children, who ran across the empty space pulling yet smaller children after them. Their clothes were less as their years were less, and their pot-bodies rounder.

The smallest infants of all, out of their fly-black eyes, would stare at the company, gravely balanced on spread legs, stark-naked, sucking their thumbs and pushing out expectant bellies towards us.

Luego seguiría una pausa incómoda, que nuestros amigos intentarían disimular mostrándonos en su percha al halcón de la casa (de ser posible, un ave marina capturada de pequeña en la costa del mar Rojo), o a su gallo de pelea centinela, o a su galgo.

En otra ocasión arrastraron a una cabra montés domesticada para que la admiráramos; en otra, a un órix.

Cuando estos temas se agotaban, intentaban sacar algo de cháchara para distraernos de los ruidos de la casa, y de notar las urgentes y susurradas instrucciones culinarias que flotaban a través de la cortina divisoria con un fuerte olor a grasa hervida y ráfagas de apetitoso humo de carne.

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