Dejamos atrás a los camellos cojos y débiles en Abyadh al cuidado del resto de nuestros hombres, con la instrucción de regresar a Abu Sawana antes del alba del día siguiente y esperar allí noticias nuestras. Dos de mis hombres sufrieron repentinas indisposiciones que les hicieron sentirse incapaces de cabalgar con nosotros. Los excusé por esa noche y, posteriormente, de toda obligación en absoluto.
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