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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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IX. Jeddah

Yeda nos había gustado de camino al Consulado; así que después de almorzar, cuando hacía un poco más de fresco, o al menos cuando el sol ya no estaba tan alto, salimos a curiosear por los monumentos bajo la guía de Young, el ayudante de Wilson, un hombre que encontraba bondad en muchas cosas antiguas, pero poca bondad en las que se hacían ahora.

Era en verdad una población notable.

Las calles eran callejones, con techos de madera en el zoco principal, pero por lo demás abiertas al cielo en el pequeño espacio entre las cimas de las altas casas de paredes blancas. Estas tenían cuatro o cinco pisos de altura, construidas de piedra de coral unida con vigas cuadradas y decoradas con amplios miradores corridos desde el suelo hasta el techo en paneles de madera gris.

No había vidrio en Yidda, sino una profusión de buenas celosías y un cincelado muy delicado y plano en los paneles de los marcos de las ventanas.

Las puertas eran pesadas hojas dobles de madera de teca, profundamente labradas, a menudo con portillos, y tenían ricos goznes y aldabas anulares de hierro forjado. Había abundancia de estuco moldeado o tallado y, en las casas más antiguas, finas jambas y dinteles de piedra en las ventanas que daban a los patios interiores.

El estilo arquitectónico recordaba a una enloquecida arquitectura isabelina de entramado de madera, al elaborado modo de Cheshire, pero convertida en una baratija hasta un grado increíble. Las fachadas de las casas estaban caladas, perforadas y estucadas hasta parecer recortadas en cartón para una escenografía romántica. Cada piso

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