mi truco para escapar iba en este sentido oriental. Pero me justificaba mi confianza en el éxito final de la Revuelta Árabe si se la asesoraba debidamente. Yo había sido uno de los impulsores en sus inicios; mis esperanzas residían en ella. La subordinación fatalista de un soldado profesional (siendo la intriga desconocida en el ejército británico) habría hecho que un oficial de ley se cruzara de brazos a ver cómo su plan de campaña era arruinado por hombres que no le concedían importancia alguna y a cuyo espíritu no apelaba en absoluto. > Non nobis,
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VII. La revuelta árabe
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