al estilo de los aldeanos. Era fervorosamente de los nuestros, y nos regocijamos, pues su nombre era de los que hacían época en el Haurán. Cuando un día me hubo convencido de su lealtad, lo llevé en secreto al palmeral y le hablé de mi ambición de ver su comarca. La idea lo encantó, y me acompañó en la marcha con la total soltura y alegría con que solo un sirio a caballo puede hacerlo. Halim y Faris, hombres contratados expresamente, cabalgaron conmigo como escolta.
Pasamos por Umtaiye, observando huellas, pozos y campos de lava, cruzamos la línea hacia Sheikh Saad y giramos al sur hacia Tafas, donde Talal estaba en su casa.
Al día siguiente fuimos a Tell Arar, una posición espléndida que cerraba el ferrocarril de Damasco y dominaba Deraa.
Después cabalgamos por un terreno ondulado y difícil hasta Mezerib, en el ferrocarril de Palestina, planeando, también aquí, para la próxima vez; cuando con hombres, dinero y armas iniciaríamos el levantamiento general para obtener la victoria inevitable.
Tal vez la próxima primavera vería a Allenby dar el gran salto adelante.