Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XXXVII

El camino era malo y, al fin, un muchacho hizo galopar a su animal hacia un montón de piedras. Esta resbaló, de modo que él salió despedido y se rompió un brazo. Fue una desgracia; pero Mohammed, con toda calma, lo ató con trapos y cinchas de camello, y lo dejó cómodamente bajo un árbol para que descansara un poco antes de regresar a Ugila para pasar la noche. A los árabes les daban igual los huesos rotos. En una tienda en Uadi Ais había visto a un joven cuyo antebrazo se había soldado torcido; al darse cuenta, se había abierto con un puñal hasta dejar el hueso al descubierto, se lo había vuelto a romper y se lo había enderezado; y allí yacía, soportando filosóficamente las moscas, con el antebrazo izquierdo enorme bajo musgos curativos y arcilla, esperando a que sanara.

Por la mañana seguimos hacia Khauthila, un pozo donde dimos de beber a los camellos. El agua era impura y los purgó. Volvimos a cabalgar por la tarde durante otras ocho millas, con la intención de marchar directos a Wejh en una larga jornada final.

Así pues, nos levantamos poco después de la medianoche y, antes del amanecer, bajábamos por la larga pendiente desde Raal hacia la llanura, que se extendía a lo largo de las desembocaduras del Hamdh hasta el mar. El suelo estaba surcado por huellas de automóviles, lo que despertó un vivo deseo en los juheina de apresurarse y ver las nuevas maravillas del ejército de Faisal. Estimulados por esto, hicimos una marcha continua de ocho horas, inusualmente larga para estos beduinos del Hiyaz.

Estábamos entonces razonablemente cansados, tanto los hombres como los camellos, puesto que no habíamos probado bocado desde el desayuno del día anterior. Por lo tanto, al muchacho Mohammed le pareció oportuno echar unas carreras. Saltó de su camello, se quitó la ropa y nos desafió a correr hasta el matorral de espinos en la pendiente de enfrente, por una libra esterlina.

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