muerta, que crujían y estallaban con pequeños surtidores de polvo cuando empezamos a juntarlos para hacer una hoguera que indicara a los demás dónde habíamos acampado. Juntamos y juntamos con energía, hasta que tuvimos una gran pila lista para encender. Entonces descubrimos que ninguno de los dos llevaba cerillas.
La masa no llegó hasta pasada una hora o más, cuando el viento había cesado por completo y la tarde, tranquila, negra y llena de estrellas, había caído sobre nosotros.
Auda puso centinelas durante la noche, pues esta región estaba en la ruta de las partidas de saqueo, y en las horas de oscuridad no había amigos en Arabia.
Habíamos recorrido unas cincuenta millas este día; todo lo que podíamos de un tirón y lo suficiente según nuestro programa. Así que nos detuvimos las horas nocturnas; en parte porque nuestros camellos estaban débiles y enfermos, y el pastoreo significaba mucho para ellos, y en parte porque los Howeitat no conocían bien estas tierras y temían perderse si cabalgaban con demasiada audacia sin ver.