Hacia el norte, por debajo de nuestro nivel, había unos racimos brillantes de luces. Eran las bengalas de la estación de Deraa, encendidas para el tráfico militar; y sentimos algo tal vez tranquilizador, pero también un tanto descarado en este desprecio turco hacia nosotros. [Fue nuestra venganza hacer que fuera su última iluminación: Deraa quedó oscurecida desde la mañana siguiente durante todo un año hasta que cayó.] En un grupo compacto cabalgamos hacia la izquierda por la cumbre y bajamos por un largo valle hacia la llanura de Remthe, desde cuya aldea brillaba alguna que otra chispa roja en la oscuridad hacia el noroeste. El terreno se volvió llano; pero era una tierra semiarada y muy blanda, con un laberinto de madrigueras de conejo, de modo que nuestros camellos, al avanzar a tientas, se hundían hasta los nudos y avanzaban con esfuerzo. A pesar de todo, tuvimos que acelerar el paso, pues los incidentes y las asperezas del camino nos habían retrasado. Mifleh espoleó a su reacio camello para que trotara.
I was better mounted than most, on the red camel which had led our procession into Beidha. She was a long, raking beast, with a huge piston-stride very hard to suffer: pounding, yet not fully mechanical, because there was courage in the persistent effort which carried her sailing to the head of the line. There, all competitors outstripped, her ambition died into a solid step, longer than normal by some inches, but like any other animal’s, except that it gave a confident feeling of immense reserves in strength and endurance. I rode back down the ranks and told them to press forward faster. The Indians, riding wooden, like horsemen, did their best, as did most of our number; but the ground was so bad that the greatest efforts were not