Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CXIV

Luego nuestro coche volvió a dispararse hacia el norte. A veinte millas de Um el Surab avistamos a un solo beduino, que corría hacia el sur todo alborotado, con los cabellos y la barba gris flotando al viento, y la camisa (fajada con su cordón estomacal) abombándose a su espalda. Cambió de rumbo para pasar cerca de nosotros y, levantando sus brazos nudosos, gritó: «¡El aeroplano más grande del mundo!», antes de seguir aleteando hacia el sur, a difundir su gran noticia entre las tiendas.

En Um el Surab, el Handley se erguía majestuoso sobre la hierba, con los Bristol y los 9.A como polluelos bajo su despliegue de alas. A su alrededor, los árabes admirados decían: «Por fin nos han mandado el aeroplatano, del cual estas cosas eran potros». Antes de anochecer, el rumor de los recursos de Faisal se extendió por el Gebel Druso y la hondonada de Haurán, anunciando a la gente que la balanza se inclinaba de nuestro lado.

El propio Borton había venido en el aparato para concertar ayuda. Hablamos con él mientras nuestros hombres sacaban de los portabombas y el fuselaje una tonelada de gasolina; aceite y repuestos para cazas Bristol; té, azúcar y raciones para nuestros hombres; cartas, telegramas de Reuters y medicinas para nosotros.

Luego, la gran máquina se elevó hacia el anochecer temprano, rumbo a Ramleh, con un programa acordado de bombardeo nocturno contra Deraa y Mafrak, para completar la ruina del tráfico ferroviario que nuestra dinamita había comenzado.

Nosotros, por nuestra parte, mantendríamos la presión del algodmón pólvora. Allenby nos había asignado el Cuarto Ejército turco, para acosarlo y contenerlo hasta que Chaytor los obligara a salir de Amán; y después, para aniquilarlos en su retirada. Esta retirada era solo cuestión de días, y era tan seguro como podían ser las cosas en la guerra que la semana siguiente levantaríamos las llanuras

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