el sudor de la frente a causa del calor, pues ya pasaba de las once y hacía verdadero calor. Cuando nos hubo rebasado por una o dos millas, el cansancio de la marcha se le hizo demasiado pesado. Condujo a su grupo a la sombra de una alcantarilla larga, bajo cuyos arcos fluía suavemente una brisa fresca del este, y allí, cómodamente, se tumbaron sobre la arena blanda, bebieron agua de sus cantimploras, fumaron y por fin se durmieron. Supusimos que se trataba del descanso del mediodía que todo turco formal se tomaba por principio durante el caluroso verano de Arabia, y que el hecho de permitirse esa pausa demostraba que se nos descartaba o ignoraba. Sin embargo, estábamos equivocados.
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