Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LII

Al amanecer se apisonó la tierra alrededor y el pozo quedó terminado, con un aspecto tan idóneo como siempre. Solo que el agua no era muy abundante. Lo trabajamos las veinticuatro horas sin descanso, hasta sacarle hasta la última gota; y aun así algunos de nuestros camellos no quedaron saciados.

Desde Jefer entramos en acción. Los jinetes avanzaron hacia las tiendas de los dhumaniyeh para dirigir su prometido ataque contra Fuweilah, el blocao que cubría la cabeza del desfiladero de Aba el Lissan.

Nuestro ataque se había planeado para dos días antes de la caravana semanal que, desde Maan, abastecía a las guarniciones aliadas. El hambre facilitaría la reducción de estos lugares lejanos al hacerles comprender cuán irremediablemente estaban aislados de sus amigos.

Nos sentamos mientras tanto en Jefer, a la espera de conocer la suerte del ataque. De su éxito o fracaso dependería el rumbo de nuestra siguiente marcha.

La parada no fue desagradable, pues nuestra posición tenía su lado cómico. Estábamos a la vista de Maan, durante aquellos minutos del día en que el espejismo no inutilizaba los ojos y los anteojos; y, sin embargo, paseábamos admirando el brocal de nuestro nuevo pozo con total seguridad, porque la guarnición turca creía que el agua era imposible allí o en Bair, y se aferraba a la dulce idea de que ahora nos hallábamos desesperadamente en combates con su caballería en Sirhan.

Me oculté bajo unos arbustos cerca del pozo durante horas, contra el calor, muy perezoso, fingiendo dormir, la ancha manga de seda de mi brazo-almohada echada sobre la cara a modo de velo contra las moscas.

Auda se incorporó y habló como un río, contando sus mejores historias en plena forma. Al fin le reproché con una sonrisa que hablara demasiado y hiciera muy poco. Él se chupó los labios con el placer del trabajo que se avecinaba.

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