eficazmente desde puestos fortificados. Tenía una población amiga, de la cual un dos por ciento aproximadamente era activo, y el resto, silenciosamente simpatizante hasta el punto de no traicionar los movimientos de la minoría. Los rebeldes activos poseían las virtudes del secreto y el autocontrol, y las cualidades de velocidad, resistencia e independencia de las arterias de suministro. Tenían el equipo técnico suficiente para paralizar las comunicaciones del enemigo. Una provincia se conquistaba cuando habíamos enseñado a los civiles de ella a morir por nuestro ideal de libertad. La presencia del enemigo era secundaria. La victoria final parecía segura, si la guerra duraba lo suficiente como para que la lleváramos a cabo.
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