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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LXIX

Octubre, en consecuencia, fue un mes de expectación para nosotros, conscientes de que Allenby, con Bols y Dawnay, estaba planeando atacar la línea de Gaza-Beerseba; mientras que los turcos, un ejército bastante pequeño pero fuertemente atrincherado, con excelentes comunicaciones laterales, se veían vanagloriados por sucesivas victorias hasta imaginar que todos los generales británicos eran incompetentes para conservar lo que sus tropas les habían ganado a base de pura y dura lucha.

Se engañaban a sí mismos. La llegada de Allenby había rehecho a los ingleses. La amplitud de su personalidad barrió la neblina de los celos privados o departamentales tras la cual Murray y sus hombres habían trabajado.

El general Lynden Bell cedió su puesto al general Bols, jefe de estado mayor de Allenby en Francia, un hombre bajito, rápido, valiente y agradable; un soldado táctico tal vez, pero sobre todo un admirable y desvaído contraste para Allenby, quien solía distenderse con Bols.

Por desgracia, ninguno de los dos tenía la capacidad de elegir a sus hombres; pero el criterio de Chetwode los completó con Guy Dawnay como tercer miembro del estado mayor.

Bols no tenía jamás una opinión, ni conocimiento alguno. Dawnay era pura inteligencia. Le faltaba el entusiasmo de Bols, y el impulso sereno y la comprensión humana de Allenby, que era el hombre por quien los hombres trabajaban, la imagen a la que adorábamos. La mente fría y huidiza de Dawnay contemplaba nuestros esfuerzos con mirada desolada, siempre pensando, pensando. Bajo esta superficie matemática ocultaba convicciones apasionadas y polifacéticas, una

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