Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XLII

boca; 2. pero a medida que cabalgábamos más adentrados en el desierto y las horas pasaban, el viento se volvió más fuerte, más denso de polvo, más terrible en su calor. Toda apariencia de amistoso combate desapareció. El paso de mi camello se convirtió en un incremento suficiente para la irritación de las olas sofocantes, cuya sequedad rompió mi piel y me hizo la garganta tan dolorosa que durante los tres días siguientes apenas pude comer nuestro mazacote de pan. Cuando por fin nos llegó la noche, me satisfizo que mi rostro quemado aún sintiera el otro aire, más benigno, de

Seguimos bregando todo el día (incluso sin que el viento nos lo prohibiera, no habría podido haber más altos de lujo bajo la sombra de las mantas, si queríamos llegar como hombres enteros y con camellos fuertes a el Fejr), y nada nos hizo abrir bien los ojos ni pensar en nada hasta pasada las tres de la tarde.

Entonces, por encima de dos túmulos naturales, llegamos a una cresta transversal que por fin se alzaba en forma de colina. Auda me escupió con voz ronca nombres adicionales.

Más allá se extendía una larga pendiente, de suaves declives sobre una superficie de grava lavada con las marcas de algún lecho de torrente ocasional, que descendía hacia el oeste. Auda y yo trotamos juntos adelantándonos para mitigar la intolerable lentitud de la caravana. Hacia el lado del brillo del poniente, un modesto muro de colinas nos cerraba el paso por el norte. Poco después, el Seil abu Arad, torciendo hacia el este, barrió nuestro frente en un lecho de una buena milla de ancho; estaba cubierto hasta una profundidad de pulgadas por matorrales tan secos como madera

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