entender que los árabes eran demasiado cobardes como para cortar la línea cerca de Maán y mantenerla cortada. Esta razón satisfacía su sentido de la conveniencia, pues los soldados, siempre dispuestos a creer lo peor de la actuación nativa, tomaban tal inferioridad como un cumplido. Así que nos hartamos de nuestra mala reputación, lo cual era una estratagema mezquina, pero la más fácil. El estado mayor sabía mucho más de la guerra que yo, por lo que se negaba a aprender de mí sobre las extrañas condiciones en las que los irregulares árabes debían actuar; y yo no estaba para perder el tiempo creándoles un jardín de infancia de la imaginación.
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