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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XXII. The Move to Wejh

reforzadas con desertores sirios y mesopotamios entrenados por los turcos. Maulud, el fogoso ayudante de campo, me pidió cincuenta mulas, montó en ellas a cincuenta de sus infantes entrenados y les dijo que eran caballería. Era un disciplinario implacable y un oficial de caballería nato, y gracias a sus ejercicios espartanos, aquellos jinetes de mulas tan maltratados se convirtieron penosamente en excelentes soldados, obedientes al instante y capaces de realizar un ataque formal. Eran prodigios en las filas árabes. Telegrafiamos pidiendo otras cincuenta mulas para duplicar la dosis de infantería montada, ya que la utilidad de una unidad tan resistente para el reconocimiento era evidente.

Feisal sugirió llevarse a casi toda la tribu de los Juheina a Wejh con él y añadirles suficientes hombres de los Harb y los Billi, de los Ateiba y los Ageyl, como para conferir a la masa un carácter multi-tribal.

Queríamos que esta marcha, que sería a su modo el acto de clausura de la guerra en el Hiyaz septentrional, propagara un rumor a lo largo y ancho de la Arabia Occidental. Había de ser la mayor operación de los árabes de que se tuviera memoria; y despediría a quienes la presenciaran de regreso a sus hogares con la sensación de que su mundo en verdad había cambiado; de modo que en el futuro no hubiera más deserciones tontas ni celos de clanes a nuestras espaldas, capaces de paralizarnos con su política familiar en plena lucha.

No es que esperáramos oposición inmediata. Nos tomamos la molestia de llevar con nosotros a esta turba indisciplinada hasta Wejh, en contra de la eficacia y la experiencia, precisamente porque en el proyecto no había combates. Teníamos activos intangibles de nuestra parte. En primer lugar, los turcos tenían ahora comprometidas sus fuerzas excedentes en el ataque a

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