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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LXXIX

capas de brocado, pañuelos para la cabeza, pieles de cordero, alfombras de fieltro con hilos de colores entretejidos en arabescos, alfombras persas. Les devolvimos café y azúcar, arroz y rollos de sábanas de algodón blanco; necesidades de las que la guerra los había privado. Todo el mundo se enteró de que en Áqaba había abundancia, llegada a través de mar abierto desde todos los mercados del mundo; y así la causa árabe, que era suya por sentimiento, instinto e inclinación, pasó a serlo también por interés. Lentamente nuestro ejemplo y nuestra enseñanza los convirtieron: muy lentamente, por propia voluntad, para que fueran nuestros con mayor seguridad.

El mayor activo de la causa de Feisal en esta labor en el Norte era el jerife Ali ibn el Hussein.

El lunático competidor de los miembros de las tribus más salvajes en sus hazañas más descabelladas volcaba ahora toda su fuerza en fines más elevados. La naturaleza compleja que había en él hacía de su rostro y de su cuerpo poderosos alegatos, carnales quizás, salvo en la medida en que estaban transfundidos por el carácter.

Nadie podía verle sin el deseo de volver a verle; sobre todo cuando sonreía, como lo hacía raras veces, con la boca y los ojos a la vez. Su belleza era un arma consciente. Vestía de manera impecable, todo de negro o todo de blanco; y estudiaba los gestos.

La fortuna le había concedido perfección física y una gracia inusual, pero estas cualidades no eran más que la justa expresión de sus facultades.

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